Hace unos meses estuvo circulando por las redes sociales un artículo- ¿Cómo anular a una persona? -que ya había sido publicado años atrás en algunos diarios de Colombia y, por mi parte, lo obtuve en Perú a través del diario La Industria.
En él, la autora Ana cristina Aristizábal hace una descripción de como se puede anular a una persona, o en otras palabras como convertirla en INÚTIL. El artículo responde a una serie de valores que ciertamente se han ido olvidando, como son la responsabilidad, disciplina y, muy importante, el trabajo y/o esfuerzo.
No he encontrado otra forma de explicar que la falta de éxito de muchas personas esté en proporción horizontal a la falta de esfuerzo del mismo. Muchas personas que, por lo menos, saben lo que quieren, encuentran frustradas sus metas al saber que no pueden alcanzarlas y finalmente se rinden.
Pero lo que nos señala Ana Cristina A. la única explicación a esta situación es que, bajo una alfombra de compasión o amor, las personas nos lo dan todo. Con ello podríamos pensar que transferimos nuestra culpa al resto. Ciertamente, son igual o más culpables las personas que dedican su tiempo a otorgarle facilidad al resto, darles todo, evitarles el esfuerzo; no es otra cosa que eliminar los talentos para poder resolver los problemas que se presenten día a día.
No poder resolver los problemas y enfrentar la vida misma se debe a que al generar facilismo al resto le evitamos que ellos mismos puedan hacerse valer y enfrentar la vida.
Pero ésta idea que explica la falta de creatividad, talentos o anulación a una persona ya se había expuesto en el Perú muchos años atrás con una explicación basada en la ciencia social a través de José Carlos Mareategui en el año 1928. En la obra cumbre de Mareátegui los "7 ensayos de interpretación de la realidad peruana", se expone muy acertadamente en el ensayo titulado el "Proceso de la Instrucción Pública" que el problema del ocio se debe las mismas circunstancias pero lo expone de la siguiente manera:
"La América, no era colonia de trabajo y poblamiento sino de explotación. Los colonos españoles venían a buscar la riqueza fácil, ya formada, descubierta, que se obtiene sin la doble pena del trabajo y el ahorro, esa riqueza que es la apetecida por el aventurero, por el noble, por el soldado, por el soberano. Y en fin, ¿para qué trabajar si no era necesario? ¿No estaban allí los indios? ¿No eran numerosos, mansos, diligentes, sobrios, acostumbrados a la tierra y al clima? Ahora bien, el indio siervo produjo al rico ocioso y dilapidador. Pero lo peor de todo fue que una fuerte asociación de ideas se estableció entre el trabajo y la servidumbre, porque de hecho no había trabajador que no fuera siervo. Un instinto, una repugnancia natural manchó toda labor pacífica y se llegó a pensar que trabajar era malo y deshonroso. Este instinto nos ha sido legado por nuestros abuelos como herencia orgánica. Tenemos, pues, por raza y nacimiento, el desdén al trabajo, el amor a la adquisición del dinero sin esfuerzo propio, la afición a la ociosidad agradable, el gusto a las fiestas y la tendencia al derroche"
De esta manera Mareátegui explica que en la época colonial caló en el pensamiento de los indígenas el odio y desdén por el trabajo y que lo fácil es hacer obtener las riquezas sin trabajo alguno, tal como hacían los conquistadores y colonizadores españoles.
Este tipo de pensamiento fácilmente puede ser interpretado a nivel internacional en toda América Latina, y como el desarrollo de cada país latinoamericano se ha visto influenciado fuertemente por la conquista y la colonización por Europa.
Lo cierto es que muchas personas creen que darles facilidades al resto es lo que necesitan para desarrollarse, más aún cuando hoy en día la globalización y la evolución tecnológica confunde a los usuarios de estos instrumentos y métodos que enseñan a evitar el esfuerzo al resto. Fácilmente caemos en el tropiezo de no trabajar y tenerlo todo listo auspiciando la ociosidad agradable y el placer al derroche.

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